El Esotérico

La palabra “esotérico” es un concepto genérico usado para referirse al conjunto de conocimientos, enseñanzas, tradiciones, doctrinas, técnicas, prácticas o ritos de una corriente filosófica -como por ejemplo “Los Rosacruces”, “Los Masones”, “La Cienciología” entre muchos otros-, que son de difícil acceso y que se transmiten únicamente a una minoría denominada “iniciados”, por lo que no son conocidos por los profanos. Fenomenológicamente, lo esotérico es “una” actitud mental que facilita al iniciado el ingreso a “una nueva manera” de interpretar la realidad y el mundo que le rodea.

El esoterismo, a diferencia de lo que se presume a veces, enseña precisamente que los fantasmas no existen, como tampoco existen los milagros, ni lo sobrenatural, ni que los dioses participan de alguna manera en la decisión del destino humano. Por el contrario, promueve un estudio intenso de la naturaleza y sus adeptos son herederos de una filosofía perenne que hace culto a la visión natural del mundo. Antoine Faivre, en su estudio sobre el esoterismo, Espiritualidad de los Movimientos Esotéricos Modernos, señala que el término “esoterismo” es relativamente nuevo, datado aproximadamente a principios del siglo XIX para clasificar en un género a las diversas prácticas esotéricas; mientras que es el término “esotérico”, como adjetivo, la raíz real del término, es bien antiguo.

Se considera “iniciados” a aquellas personas admitidas al conocimiento de los misterios de la naturaleza por medio de un proceso de desarrollo personal sistemático. Son escogidas por sus cualidades, especialmente de orden moral. Su ingreso a la sociedad iniciática se produce mediante una ceremonia de iniciación en la cual se les entregan determinados conocimientos, fundamento de sus futuros estudios y vivencias.

Cuando el adepto se ha esforzado en llevar una vida superior y se ha purificado por medio de esfuerzos mentales, morales y físicos, acumula un poder interno y alcanza un punto de culminación de su preparación, que requiere del conocimiento necesario para hacer uso de ese poder o conocimiento adquirido. Por eso, la ceremonia iniciática no tiene valor, sino como comienzo de una vivencia de aprendizaje.

El cambio comienza con uno mismo, constituyendo el reto más complicado de su existencia. Sólo si es capaz de cambiarse a sí mismo, podrá emprender con labores de mayor magnitud. Sólo si se convierte en un ser humano nuevo podrá ejercitar el poder o su conocimiento adquirido, su propio poder, el poder del conocimiento, no solamente para ser mejor, sino para colaborar con el progreso de la humanidad, para mejorar la sociedad.

En definitiva, las enseñanzas logradas desde el esoterismo, el conocimiento, la sabiduría, la rectitud, la ponderación, la templanza, el respeto, la caridad, la tolerancia, el amor, etc. no son bienes para guardarlos en un cofre personal, sino que son para compartirlos, para ponerlos a disposición de toda la especie humana.